La austeridad en plena crisis, de la nueva progresía de izquierdas
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Ha perdido autoridad en el Gobierno
La ministra de la Presidencia, María Teresa Fernández de la Vega, se encuentra en el ojo del huracán. “Está en todas las quinielas para ser derrotada en la próxima remodelación del Gobierno”, reconocen desde las filas socialistas a La Gaceta. El clamor interno instalado en el PSOE ante la deriva del Gobierno la sitúa en el disparadero. Y pocos dudan que la crisis de Gobierno tendrá lugar antes del verano.
No ha perdido el mando porque Rodríguez Zapatero no se lo ha quitado, pero sí ha perdido autoridad y consideración en el Gobierno, el PSOE y el Congreso (y entre la opinión pública, como reflejan las encuestas). llega el fuego amigo. En el PSOE reconocen a La Gaceta que la semana negra del Gobierno “ha tocado mucho a todos”, especialmente a Fernández, que centra el grueso de las críticas de los socialistas, que llegan a responsabilizarla directamente de los errores de Zapatero.
Como resumen, otras fuentes socialistas dicen que “no basta con decir a los ministros y secretarios de Estado que tienen que presentar iniciativas, hay que coordinarlas, elaborar un discurso serio y transmitirlo con claridad a los ciudadanos y, desde hace tiempo, la sensación que transmitimos es que todo está manga por hombro, con un equipo poco compacto que no se encuentra a la altura de las circunstancias”.
Quienes antes ensalzaban su coraje y capacidad de trabajo, ahora destacan su pésimo carácter e incluso ponen el acento en la falta de respeto hacia los compañeros. Malestar que, según fuentes socialistas, se respira también en su propio equipo, en el que se producido más de una “baja voluntaria”.
Un caso muy comentado ha sido el de Fernando Escribano, su jefe de Gabinete desde enero de 2005, de cuya marcha poco ha trascendido aún, pero se comenta que mantuvo fuertes discrepancias con “la vice” o “la jefa” (así la llaman sus colaboradores). asimismo, las malas lenguas aseguran que su equipo de confianza se limita prácticamente a una sola persona en estos momentos: su directora de comunicación, Ángeles Puerta.
En el PSOE no entienden cómo se ha podido gestionar tan torpemente el cambio de rumbo en la política económica del Gobierno. Sobre todo, no dan crédito al control estratégico del anuncio de la reforma de la edad de jubilación, un tema de extrema sensibilidad que afecta de lleno tanto a su caldera electoral como a sus principales aliados: los sindicatos.
“Nadie se explica qué ha pasado con el tema de la jubilación y las pensiones, la más importante de todas las medidas de los últimos días y donde las pautas son claras”.
Se atribuye al ministro de Fomento, José Blanco, y al ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, una “influencia decisiva” para que el presidente se decidiera a abordar de cara reformas estructurales (“fueron los que decidieron comenzar a tomar decisiones”), pero se quejan por las formas y los tiempos empleados para su anuncio, un error que identifican con Fernández.
“Se podrá estar o no de acuerdo, pero la actuación de De la Vega no tiene pase, no cabe en ninguna cabeza la forma de su presentación con Salgado”, lamentan. Todos los consultados coinciden en que no deberían haber anunciado explícitamente una reforma de semejante calado, más cuando “cuentan con la excusa del Congreso con la Comisión del Pacto de Toledo”.
CAOS E IMPROVISACIÓN
“La sensación es de desmadre total”, relatan en el PSOE, donde consideran que están trasladando una impresión de “caos, improvisación y desgobierno”. Ahora bien, la simpatía en los cuadros del PSOE hacia Fernández viene de lejos... “Alo único que se ha dedicado en su vida en el Gobierno es a intentar colocar a amigos, a Ledesma y compañía; y luego no han hecho nada en lo que se supone que su especialidad, el tema jurídico”, destacan.
“Sus viajecitos sientan muy mal, no sólo es que siempre mete la pata y pretende ser tratada como jefa de Estado, sino que se carga la agenda de Moratinos”, denuncian. Tampoco perdonan su fiasco electoral en Valencia (“su tirón fue nulo”), comunidad en la que encabezó las listas del PSOE.
Sentó muy mal en su día la negociación con los obispos, por libre”, prosiguen las mismas fuentes. Por si fuera poco, recuerdan que “encima no está afiliada y va diciendo que la militancia no es lo importante, sino el compromiso”. a todo ello se suma “su afán acaparador”, lo que le ha valido algún que otro disgusto. “Alonso tuvo que pararle en la negociación de los PGE, que también quería llevarla”, inciden.
NOTA.- Este artículo ha sido originamente publicado en La Gaceta.